“Con ‘Maru’ nos queríamos y por eso necesitamos que se compruebe la verdad de lo que pasó ese día. Tanto ella como yo necesitamos que esto no termine en una injusticia”, señaló Gabriel Hernán Pérez Soto, de 26 años, ante el tribunal que lo enjuicia por el femicidio de María Cristina Ávila, su pareja. “Es un horror lo que viví todo este tiempo. Les pido de corazón que averigüen bien lo que pasó, porque no es justo que me arruinen la vida. En la etapa de instrucción sabían que era inocente y lo mismo me mantuvieron preso. Entiendo el dolor de la familia Ávila, pero yo y mi familia también sufrimos por todo lo que pasó”, complementó el acusado antes de comenzar a responder preguntas.
El 9 de abril de 2018, la joven de 23 años murió al caer del cuarto piso de un edificio de Congreso al 800. Pérez Soto, en su declaración, reconoció que antes del hecho había discutido con su pareja y dijo que en un momento tuvo que apartarla tomándola del cuello para que ella no lo agrediera, pero negó rotundamente la acusación fiscal de que él haya arrojado a la víctima al vacío valiéndose de su gran diferencia de fuerza, peso y altura. “No creo que haya querido suicidarse tampoco. Ella me amenazaba muchas veces diciendo que se tiraría. Creo que esta vez quiso hacer lo mismo para que me preocupara y terminara la discusión; para mí se le fue la mano y no se pudo sostener”, argumentó el procesado.
Según explicó, él volvía de la cocina cuando la vio caer del balcón. Al acercarse a la baranda la vio en el piso y creyó que podía seguir viva. Relató que bajó corriendo las escaleras para auxiliarla, pero que al descubrir que había muerto se fue en taxi a avisarle a su madre porque se había asustado con lo ocurrido.
La jueza Fernanda Bahler, que integra el tribunal junto a Eduardo Romero Lascano y a Stella Maris Arce, le preguntó al acusado cómo había tomado del cuello a Ávila y cómo es que él tenía rasguños hasta en los pies. “La paro poniéndole la mano al cuello, le pongo distancia, pero no con la agresividad con la que dicen. ¿Los rasguños? Ella me arañó los pies esa noche mientras dormía”, respondió.
Pérez Soto aseguró que nunca le pegó a su pareja, a pesar de que Ávila lo había denunciado en más de una oportunidad por lesiones y que, según constataron los peritos, el cuerpo de la víctima presentaba lesiones anteriores a la muerte (aunque no pudieron acreditar el origen de las mismas). El joven también pidió que se descarte la hipótesis de que haya existido un contagio intencionado de HIV a Ávila y su hijo. “Ni ella ni yo lo sabíamos, no hubo maldad por parte de ninguno. Nos enteramos el día en que nació mi hijo. Si hubiésemos sabido nos hubiésemos cuidado”, aseguró ante los jueces y ante la fiscala de Cámara Estela Giffoniello, quienes escuchaban atentamente su testimonio.
Tras el interrogatorio, se dio lectura a las actas del expediente que eran de interés para la querella, que encabeza Enrique Andrada Barone y la defensa de Juan Roberto Robles.
“Violencia persistente”
En un informe, la psicóloga Débora Pérez, del Observatorio de la Mujer, señala que Ávila acudió a la institución en busca de ayuda el 17 de febrero de 2017. La profesional describe que Ávila “no visibilizaba las situaciones de violencia que manifestaba en su relato; había una naturalización de la violencia que se volvió cíclica, con promesas de cambio por parte del acusado”. También indica que el seguimiento del caso se interrumpió porque la denunciante dejó de ir. También se explicó que en su primera declaración, la víctima señaló haber sido brutalmente atacada por su entonces ex pareja, Pérez Soto, y manifestaba su temor por las amenazas que había recibido para que no siguiera adelante con su denuncia. Dejó constancia además de estar embarazada de dos meses y de que eso le generaba mayor riesgo. “Sufría violencia persistente”, indica el informe.
Ante la Policía, Ávila declaró que tras una discusión, su pareja la tomó del cuello, razón por la que ella lo arañó en los brazos y luego fue golpeada. “Me tomó de los pelos y me quería llevar a la pieza, aun con nuestro hijo en brazos; yo le arrojé con un vaso y en ese momento apareció el encargado del edificio por los disturbios, entonces pude salir”, se leyó sobre la declaración de la víctima.
El 5 de diciembre de 2017, dos licenciadas de la OVD plasman que la víctima les informó que a comienzos de año, estando ella aún embarazada, el denunciado la había violentado a golpes en el estómago y que a raíz de eso debió ser asistida en la maternidad. Luego del nacimiento del niño, Ávila denunció en una ocasión ante esa oficina que el ahora imputado por su femicidio la había derribado tras tomarla del cuello y luego la había pateado en el piso, además de romperle sus lentes y la pantalla de su celular. Según la joven, el ataque cesó porque un vecino se presentó en el lugar.
La defensa, por su parte, solicitó la lectura de los mensajes de texto que intercambiaba la pareja y la realización de una reconstrucción del hecho. Algo que el tribunal deberá decidir si se realiza o no. Por otro lado, se extendió por 20 días más la preventiva de Pérez Soto, tiempo en el cual se estima que el juicio habrá concluido.
Una mujer atacada a mazazos rechazó que su pareja tenga un juicio abreviado
Fátima Aparicio, quien casi muere tras ser atacada a martillazos por su ex pareja, Luis Rondón, consiguió que no se le conceda el beneficio de juicio abreviado.
La defensa de Rondón había ofrecido que se declarase culpable de lesiones graves y no de tentativa de homicidio triplemente agravado por el vínculo.
En las escalinatas de Tribunales se desarrolló una marcha ayer para pedirle a la fiscala Estela Giffoniello que no acepte el acuerdo que la defensa del imputado proponía. Fue atendida y le confirmaron que el acusado afrontará a un juicio oral.